De la A a la Z. El conocimiento de las lenguas de México

De la A a la ZDe la A a la Z
El conocimiento de las lenguas de México

Autores:

Rodrigo Martínez Baracs (Coordinador)
Salvador Rueda Smithers (Coordinador)

Colección: Interdisciplina
Serie: Memorias
ISBN 978-607-484-646-1
INAH 003OVA0837
Editorial: Instituto Nacional de Antropología e Historia – INAH
Ciudad: México, D.F.
País: México
Edición Nº: 1
Idioma: Español
Idioma original: Español
Formato: Rústico
Nº de páginas: 260
Ancho: 166 mm
Alto: 230 mm
Grueso: 15 mm
Peso: 466 gr
Precio venta: $180.00
Disciplina: Lingüística
Audiencia: Académico
Nivel Académico: Universitaria
Nivel de lectura: Adulto
Fecha de publicación: Mayo, 2015

El descubrimiento de América fue un descubrimiento de tierras, hombres y también de lenguas. Los europeos encontraron una verdadera Babel de lenguas, como lo expresa en este volumen Ascensión Hernández de León Portilla, y se dedicaron a estudiarlas en sus diversos aspectos: gramática, vocabulario, modos de hablar, escribir, conocer y concebir el mundo. El conocimiento de las lenguas americanas recibió un fuerte impulso por la decisión de los frailes de cristianizar a los indios en sus propios idiomas. En esta obra el lector encontrará estudios claros y bien informados sobre este descubrimiento lingüístico en México, sobre las gramáticas, vocabularios y catecismos que escribieron los frailes con sus colaboradores indios, sobre la transcripción en caracteres latinos de sus lenguas y las dificultades para poner en letra impresa sus sonidos particulares. El descubrimiento fue mutuo y los indios se apropiaron de la escritura alfabética, leyeron libros, pintaron mapas europeizados y aprendieron latín. El conocimiento de las lenguas continuó en el siglo XVIII y se intensificó en la segunda mitad del XIX cuando sabios y filólogos aprovecharon el conocimiento obtenido en los tres siglos anteriores para intentar las primeras clasificaciones de todas las lenguas de México que dieron base a la clasificación de los indios mismos en etnias,. Al mismo tiempo, el emperador Maximiliano mandaba traducir sus decretos al náhuatl para ser un buen Tlatoani del imperio mexicano.

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